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Cada diario personal implica contar nuestras locuras, las cosas que nos dicta nuestra mente, es un momento para conocernos, escucharnos, y entendernos, porque solo nosotros nos entendemos aunque a veces decimos cosas que no nos parecen, u otras que sí.

¿Para qué restringirse? ¿Para qué decir que no y que ese no sea un anhelado si? ¿Por qué ese si es un sí que quisiera ser un no? ¿Por qué vivimos siempre bajo las mismas reglas?

Este es mi diario, de nadie más, si no les gusta se pueden ir a la mierda. No voy ni tengo que cambiar mi punto de vista. Estos son los suplicios de mi mente y espero nunca dejar de escucharlos. Son mi identidad y mi locura, y estoy más que conforme con ellos.

Perdon si no te gusta, tampoco me importa, pero necesito compartirlo, si no te interesa, podes irte, sos libre y no me interesa que lo leas, solo me interesa aclarar que está bueno respetar a los demás.

Y para los que están de acuerdo, bienvenidos a mis pensamientos montados en el ciber espacio.

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miércoles, 23 de febrero de 2011

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Olor a río.

El siempre podía hacerme razonar. Creo que eso fue lo que más me enamoro de él. Quizás, quizás ese fue el factor más importante de nuestra relación, de nuestra amistad.
Y ahora solo queda recordar.

No puedo decir una fecha exacta, ni tampoco un tiempo aproximado. Solo recuerdo que era verano y, en ese entonces, tendría unos 21 años. Yo estaba en un banco, en el río, escuchando música y escribiendo.
No  recuerdo muy claramente todo, pero si hay algo que nunca podría olvidar indudablemente era como el viento hacía bailar mi cabello al compás del hermoso sonido del agua, rompiendo sobre las rocas.
Y por supuesto, el olor a río.
La razón de mi visita al río era la misma de siempre: escribir mi diario, mi historia de vida.
Mis hojas amenazaban con darse a la fuga con el viento, pero inútilmente creí que no lograrían zafarse, pero cedieron ante el viento.
Naturalmente, las hojas emprendieron una carrera con el viento, dejándome atrás, pero simplemente me sumé a la carrera, con el fin de recuperarlas.
—Vaya, el viento está muy agresivo hoy —dijo un muchacho que en ese entonces tendría unos 25 años, al pisar con fuerza mis hojas. Las tomó y me las dio en la mano— Deberías tener más cuidado con cosas como estas, sobre todo si el viento está así.
—Gracias, pero hubiese preferido que no las pises, se arrugaron todas —
—Un muchas gracias hubiese estado un tanto mejor —dijo mostrando una sonrisa burlona.
—Como sea —al terminar de decir esto me dí vuelta, y volví a mi lugar de partida, bastante alejado de aquel árbol.

Quise seguir escribiendo, pero algo estaba mal. Algo pasaba, y me estaba molestando. No podía dejar de repasar el dialogo entre ese sujeto y yo. Es que finalmente, el tenía razón.
Pasé un momento observando el lugar y volví a ubicarlo. Estaba debajo del mismo árbol.
Tomé valor y me acerqué. El estaba leyendo, respiré hondo y tomé impulso.

—Escucha —dije firmemente. El levantó la vista, me observo por un momento y volvió a poner sus ojos en su lectura.
—Sí, dime.
—Quería pedirte disculpas por ser tan grosera hace un rato —sentía como si mis latidos quisiesen jugar una carrera contra mi respiración— tenías razón.
El no respondió, siguió leyendo como si no existiera.
—Bueno, quería agradecerte correctamente por recuperar mis hojas. Muchas gracias — ¿me estaría escuchando? ¿Por qué no respondía? preguntas como esas se acumulaban en mi mente.
—Ya, disculpa aceptada. —al fin contestó, sin sacar su vista del maldito libro. Nunca me sentí tan humillada.
—Bueno, adiós —dije y rápidamente volteé.
— ¡Hey! ¿Ya te vas? — su pregunta me exasperó, me dejó atónita.
—Sí, solo vine a decirte eso…
—Quédate aquí en la sombra conmigo… el sol está muy fuerte para que estés debajo de él.
—No creo que sea correcto —dije tartamudeando
—Quédese tranquila señorita, todavía no muerdo —dijo con una sonrisa divertida. Me estaba por quedar sin excusas cuando dijo— Si no quiere, solo dígalo.

Estaba por rechazarlo. Pero observé detenidamente sus ojos, y algo me transmitió serenidad en él. Quería decirle que no, pero un precipitado ‘sí’ se escapó de mi boca.

—Traeré mis cosas —y me apresuré para así, poder escapar del lugar rápidamente. No entendía que había pasado. Mientras lo pensaba, junté mis cosas, agarré mi bicicleta y me dirigí hacia ese árbol.
Acomodé mis cosas, y salí de mi cabeza para entrar en la realidad.
—Muchas gracias —dije sonriendo.
—Está bien. Nunca viene mal algo de compañía

Simplemente me reí y saqué mis hojas.
Volví a escribir. Esta vez estaba tranquila. Sentía una paz interior que no era cosa de todos los días, pero su voz me sacó de mis pensamientos.
—Y dime… ¿Cómo te llamas?
—Clara, ¿Y vos?
—Juan. Tienes en verdad, un nombre encantador — Un gusto. —dijo y extendió su mano hacia mí.
—El gusto es mío —y respondí el gesto. Nuestras manos se estrecharon, pero al sentir su tacto me estremecí
—Tenés las manos muy frías, ¿te sientes bien?
—Quizás tu las tienes muy cálidas —dijo sonriendo— Sabes, vengo todas las semanas aquí, hace años. Se me hizo costumbre verte.
— ¿Realmente? —dije con un matiz de asombro en mi rostro.
—No siempre. Pero muy a menudo.
—Qué extraño, no recuerdo haberte visto.
—Creo que es por que cuando llegas, dejas al mundo de lado y solo le prestas atención a tus hojas —Luego de decir eso, apartó su vista hacia el río— ¿no es maravilloso el olor a río?
—Maravilloso es poco, yo diría que es sublime. —yo estaba asombrada. No podía creer todo lo que me había terminado de decir, ¿Cómo sabia tanto de mi? Debió haber visto una nota de temor en mis ojos, porque luego agregó un:
—Lo siento si te asusté. Ahora que lo pienso, puede sonar como acoso.
—Para nada —dije sonriendo.

Seguimos hablando, hasta que nos dimos cuenta de que estaba bajando el sol.
Antes de irnos, acordamos usar ese árbol siempre que estuviésemos en el río, así, al coincidir, volver a vernos.
Pasó el tiempo, y pude apreciar como él era parte de mis pensamientos cotidianos. Recordaba diálogos, una y otra vez.
Siempre iba al río, iba al árbol. A veces nos cruzábamos.
Charlábamos durante horas de cosas que no podíamos hablar con nadie.
Pasó el tiempo y nuestro vínculo se afianzó cada vez más.
El me hacía razonar cuando no podía hacerlo yo, y yo, lo ayudaba con lo que podía, más que nada, dándole consejos.
Pasó todo, las semanas, los meses, el tiempo, las charlas, las risas, pasó todo.
Cuando volvía a mi casa, solo pensaba en él. Era inevitable para mí. No podía sacarlo de mi mente.
Cada vez  que pensaba en el sonreía y no me daba cuenta.
Fue así durante muchos meses.
Todo siguió igual que antes, pero, pero hubo un día en que me di cuenta de que estaba profundamente enamorada de él.
Seguíamos viéndonos. No con tanta frecuencia.
Pero hubo un día en que no volvió más.
Y nunca más supe de él.


Pasaron los años, cambiaron sin duda muchas cosas, pero hay algo que nunca cambió.
Siempre que voy al río, me siento debajo de nuestro árbol, esperando a que vuelva.

11 comentarios:

pablo dijo...

¿la chica habla en argentino y el chico en español?

está bien.

[coffe u.u] dijo...

Quiénes son? Yo he sido también esa pequeña, y el también ha estado desde hace 5 años en el árbol, solo que hace 2 años hacemos más que hablar. :O

Mel dijo...

wow, que buena memoria para recordar cada detalle. que bonito que hayas encontrado un chico así, son lo que marcan en nuestra juventud pero de esa forma tan inocente, tan pura , tan grata.

Cuidate linda.

Lagrimas con Sonrísas. dijo...

Es un cuento que escribí el mes pasado, no se ilusionen.

[coffe u.u] dijo...

No crees que su amor es algo enfermo?

Lagrimas con Sonrísas. dijo...

Lo más seguro es que sí, pero,
¿acaso el amor no es una enfermedad? ¿Algo que te enferma?

Lenna dijo...

A mi no me parecio nada enfermo,
supongo que dulce.

No le veo nada de enferno,
En fin, precioso.
¿Quienes son?

Lagrimas con Sonrísas. dijo...

No sé, son producto de mi imaginación, querida.

Sucios Pensamientos dijo...

Qué bonitoo!! *.*
Escribes muy lindo (:

Yo antes escribía cuentos así.
Luego me traumaba porque mi vida era fea y aburrida y proyectaba mis deseos en los cuentos...
y me deprimia...

Hoy ando.. emo pseudo-enamorada
así que me hizo sonreír mucho tu cuento.


Y si, quizás sea más que un amor enfermo,
Una obsesión enferma...
pero vamos, que es un cuento; y en la realidad suele ser mucho peor :P

Ro Sosa dijo...

Me fascina, es muy lindo ♥.

Agus♥ dijo...

Escribís realmente MUY MUY BIEN! Me encanta, amo tu blog, y sobre todo amo lo que escribiste al principio, sobre un diario personal. MUY genial lo que hiciste :)